“Si hasta Pedro Sánchez lo ha llamado tirano”. En boca de una joven manifestante contra el agonizante Maduro, la frase me impresionó. Venía a constatar la percepción que sobre el papel de España y su Gobierno está dejando la crisis venezolana: incomodidad, pusilanimidad, ausencia de convicción cuando no una cierta complicidad, pura blandenguería. Y todo sin motivo aparente. Porque si hay un líder político en ejercicio en todo el mundo –sí, en todo el mundo– que tiene un historial de amistad y colaboración con el equipo de Juan Guaidó, ése es Pedro Sánchez.

La noche del 15 de marzo de 2016, Sánchez reservó la cueva del Válgame Dios, un restaurante del barrio de Justicia de Madrid al que acudía con frecuencia con sus colaboradores. Pero aquella noche era especial. Sus invitados eran dos de los protagonistas de un emocionante y multitudinario acto celebrado en el Palacio de Correos: la presentación del libro de Leopoldo López “Preso pero libre. Notas desde la cárcel”. La entrada en el restaurante de Felipe González y Lilian Tintori causó un revuelo. Saludos efusivos: ¡Enhorabuena, Lilian, valiente, te vi esta mañana en Ana Rosa!; ¡muy bien, presidente, muy bien! Una fotografía inédita da testimonio de un ambiente no sólo distendido: amical, excelente. En medio, Tintori y Sánchez, abrazados, sonrientes; a los lados, Begoña Fernández, Felipe González y tres de los más fieles colaboradores entonces de Leopoldo López y ahora de Guaidó: Freddy Guevara, Isadora Zubillaga y Carlos Vecchio. Este último es hoy el encargado de negocios de Venezuela en Estados Unidos. Cualquiera podría replicar que una foto sólo revela un instante de amistad, y ni siquiera. Sí, pero no es el caso. Sánchez y Tintori ya se conocían bien. Y, lo más relevante, Sánchez ya se había destacado por su compromiso público con la causa de la democracia venezolana. Y cuando digo destacado es destacado.



Hay que ver la rueda de prensa que Sánchez dio junto a Tintori a las puertas del Congreso el 17 de septiembre de 2015. Parecía un cruce entre Almagro y Aznar. Acusó a Maduro de “la destrucción de las libertades democráticas”. Utilizó el verbo “exigir” en referencia a la liberación de los presos políticos y la convocatoria de elecciones libres, y el sustantivo “régimen” para descalificar al Gobierno de Maduro, “porque hay que llamarlo así, régimen”. Y, viniéndose arriba, llamó “miserable” a Monedero por comparar al preso López con los terroristas de ETA. “Siempre”, sentenció, “en el presente y en el futuro estaré defendiendo la libertad de Venezuela”. Y con las palabras vinieron los hechos. En diciembre de 2015, envió una delegación de senadores socialistas como observadores a las decisivas elecciones legislativas que darían la mayoría a la oposición. Al año siguiente, un detalle desconocido, intercedió para que el entonces primer ministro Manuel Valls recibiera a Tintori en París, lo que dio lugar al primer pronunciamiento francés contra la dictadura chavista. Y en verano de 2017, en una reunión de la Internacional Socialista en Nueva York, denunció las maniobras de Maduro para sustituir la Asamblea Nacional por un fake de fieles. Tanto apreciaba la oposición venezolana la labor de Sánchez que, en un viaje de Tintori a Madrid que coincidió con su caída en desgracia y expulsión de la secretaría general del PSOE, ella insistió en verle contra el consejo de sus asesores: “Es mi amigo”. Continue Reading