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Plegarias desatendidas

Nevaba sobre los suburbios de Madrid con saña soviética. Una larga fila encogida bajo paraguas negros esperaba con impaciente devoción frente a la garita. Era ya de noche y no se distinguían sus caras ni su edad ni su sexo. Pensé: son los cadáveres del Gulag ártico, liberados de su sepulcro de hielo. Y me […]

Colgado del puente

(Foto: Puente sobre el Paseo de la Castellana de Madrid, Día de la Fiesta Nacional, 2017. CAT.)

Me quedé un rato mirando fijamente la imagen. Siniestra, acongojante. Siete muñecos que simulaban cadáveres amortajados colgaban por los pies de un puente sobre una autopista de Barcelona. Llevaban en el pecho, perfectamente visibles, las siglas del PP, Ciudadanos y el PSC. Arriba, negro sobre hormigón, una pintada a favor de la liberación de los «presos políticos». Levanté la vista. Por la ventana, junto a la fachada amable y barroca de Las Salesas, un tumulto de furgones policiales y cámaras de televisión esperaba la decisión del Tribunal Supremo sobre Oriol Junqueras y los demás golpistas. Pensé: A ver qué decide el lunes el juez Llarena; su liberada Forcadell no sólo se presenta a las elecciones autonómicas, sino que lo hace en una lista impúdicamente subversiva. Cuando estaba a punto de bajar a la calle me acordé de Miquel Iceta.

El candidato del PSC tiene una estrategia y un eslogan. La estrategia consiste en acaparar titulares como sea. Nada que reprocharle. Es su obligación y que lo consiga, demérito de sus adversarios, que ayunos de propuestas políticas propias se enredan en la reprobación técnica de las ajenas. Había que leer ayer el editorial de La Vanguardia, desesperado ante el interés mediático que despiertan las ocurrencias del PSC. ¡No son nuevas, no son nuevas!, clamaba en el páramo. Es cierto. Pero lo que sí es nuevo es el contexto. Y también el envoltorio. Es decir, las palabras con la que el candidato Iceta —en esto sí tan fieramente socialdemócrata— reviste sus extravagancias. La condonación de la deuda y la creación de una Hacienda catalana, ha explicado, son necesarias para recuperar la confianza y lograr «la reconciliación». La reconciliación, el eslogan. Bien. La sutura debería ser la prioridad de cualquier dirigente político en estos tiempos de tensión y fractura. Pero reconciliación, ¿entre quiénes exactamente? ¿Entre los cadáveres amortajados y sus simpáticos verdugos?

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