Viernes 8 de julio, ante el Congreso de los Diputados, con José Antonio Ortega Lara, Jaime Mayor Oreja, Iñigo Gómez Pineda, María San Gil, Daniel Portero, Ana Velasco y Santiago Abascal. También estaban Cristina Cuesta, Jaime Mateu, Carmen Ladrón de Guevara y muchas otras personas admirables que han dedicado sus vidas a la defensa de las víctimas del terrorismo y de una España en libertad.

Fuimos a rendir tributo a Miguel Ángel Blanco en el 25 aniversario de su asesinato y a denunciar el último y más abyecto pacto del Gobierno socialista con Bildu: el que eleva el relato de los herederos de ETA a la inaudita categoría de versión oficial. La Ley de Memoria pactada por Pedro Sánchez con Arnaldo Otegi blanquea el terrorismo y criminaliza la democracia. Es una burda impugnación de la Transición y una afrenta a las víctimas de ETA y a todos los españoles.

Pedro Sánchez será recordado como el hombre que blanqueó a los asesinos de Miguel Ángel Blanco y que luego utilizó a Miguel Ángel Blanco para blanquearse a sí mismo. Lo hizo el domingo, primero con este artículo en El Correo que pulveriza los límites de la hipocresía y luego de viva voz en Ermua con un discurso en el que, sin embargo, no pudo evitar un sucio guiño a sus aliados: «España y Euskadi son hoy dos países libres y en paz…».

La víspera, también en Ermua, esta vez en el homenaje a Miguel Ángel Blanco organizado por el PP del País Vasco, Alberto Núñez Feijóo se comprometió solemnemente a derogar la Ley de Memoria si es elegido presidente del Gobierno. Es un compromiso importante y su puntual cumplimiento, una obligación moral y política.