Por la política, contra el populismo: unos mandamientos.

 

  1. No te comportarás nunca como un vulgar agradaor. Digan lo que digan los gurús del marketing, no tratarás al votante como a un cliente, al que siempre hay que dar la razón, ni como a un niño mimado, o adolescente perpetuo, al que se protege y adula, para luego lanzarlo contra el orden democrático, disfrazado de bisonte o con un lazo amarillo en la solapa. No alimentarás su victimismo ni sus bajas pasiones: la xenofobia o el odio hacia un enemigo inventado. La pérfida España. Recordarás que siempre ha habido, al menos, dos Cataluñas. En 1640. En 1714. En 1936. En Oct 2017: aquella emocionante manifestación. Y también hoy. Sabrás que el populismo es el hipócrita culto al pueblo con espurios fines antidemocráticos y tú querrás ser político.

 

  1. No te empeñarás en que la independencia low cost de Cataluña es posible. No lo es. Ni siquiera con la complicidad de la izquierda española: presunta progresista, hoy reaccionaria, histórica intérprete, retaguardia y celofán del nacionalismo. La independencia es una utopía. Una ficción. Un corto de 9 segundos. Menos incluso que un Tik Tok. Recordarás –con gratitud- la higiénica actuación de la policía el 1 de octubre, el formidable discurso del Rey y el ingreso de la cúpula golpista en la cárcel: fueron tu baño de realidad. Tu gran oportunidad de entrar en la edad adulta. Agitar una ficción muerta podrá beneficiar a un puñado de populistas sin escrúpulos, sobre todo en Waterloo, pero para los catalanes es una condena a cadena perpetua. A la perpetua adolescencia. Edad siniestra, dijo Josep Pla. 

 

  1. No insistirás en esa sandez de “Lo volveremos a hacer”. Primero porque lo único que hicisteis fue el totalitario y el ridículo. Eso, y expulsar a 7000 empresas de Cataluña y romper Cataluña en dos. Vuestra gesta ni siquiera ha sido superada por la delirante performance del Capitolio. Segundo, porque “volver a hacerlo” significa, simplemente, volver a entrar en la cárcel. Y no es un espectáculo edificante. El delito es malo. La reincidencia es estúpida. 

 

  1. No intentarás halagar y apaciguar al votante nacionalista diciendo cosas como: “Aprobaré el Estatuto que venga de Cataluña”; “Los tribunales no pueden juzgar sentimientos”; o “Hay ocho naciones en España. Las he contado”. Estas frivolidades anti-constitucionales sólo dan la razón a los irracionales. Son propias de los Plateros del Proceso: suaves por fuera, ni un principio por dentro. Y son hitos de la brillante estrategia de apaciguamiento que nos ha traído hasta aquí. Y lo que desde luego no harás, nunca, jamás, never, es pronunciar esa frase insólita, canalla: “Todos somos culpables de lo que ha pasado en Cataluña”. Yo no soy culpable. Alejo, Alejandro y Paula no son culpables. Ni un sólo constitucionalista es culpable. El PSOE sí. Dijo Tarradellas: “El PSC no gana porque no quiere”. Yo añado: y cuando gana no gobierna. Deja que lo haga el nacionalismo. Maragall. Montilla. Illa. Testaferros del nacionalismo. 

 

  1. No serás un pájaro tercerista. Es decir, no te posarás, cómoda y cínicamente, en un alambre, entre unos y otros. El centro no es el punto medio entre la libertad y la sumisión, entre la igualdad y discriminación, entre el delito y la ley, entre el separatismo y la Constitución. El centro es la defensa del ciudadano y la auténtica tercera vía es la Constitución. Dirán que lo tuyo es la equidistancia, pero en realidad es la conchabanza. La conchabanza con fuerzas disolventes de la democracia para seguir en el poder. Lo sabes. Los catalanes también.

 

  1. No promoverás, otorgarás ni justificarás la concesión de indultos a los golpistas. No lo hubieras hecho con un Tejero impenitente. ¿Por qué lo haces con Junqueras? ¿Es menos grave un golpe nacionalista catalán que un golpe nacionalista español? El catalanismo: atenuante, incluso eximente. Tampoco utilizarás, sibilinamente, la palabra “revanchismo” para insinuar que los constitucionalistas no buscan Justicia, sino venganza. Eso mismo les dicen a las víctimas del terrorismo. Y, sobre todo, no indultarás a los golpistas para amnistiarte a ti mismo. Para borrar el delito de lesa democracia que cometiste al pactar tu investidura y permanencia en el poder con personas condenadas por sedición. 

 

  1. No se te ocurrirá utilizar, como lema de campaña, la expresión “pasar página”. “Pasar página” es un sintagma inmoral e ineficaz. No sólo ahorra a los golpistas y malversadores su derrota. Les concede la victoria moral y material. Esto es clave. La clave. Con estas elecciones Sánchez busca convertir su coyuntural Frankenstein en una alianza estructural y duradera de poder. Quiere rehacer el tablero. Para eso está dispuesto a promover un proceso de mutación constitucional de la mano de las fuerzas separatistas. Mesa de diálogo. Nuevo estatuto. Referéndum en Cataluña, que condicionaría el futuro constitucional de España. Así: España se haría a medida del separatismo. Es decir, se desharía. Salvador Illa no es la Tercera Vía. No es un puente “entre unos y otros”. Es la primera y única vía para que madure –no Cataluña— sino el fruto del Proceso. Los socialistas no buscan pasar página del Proceso. Buscan pasar página de la Constitución. Lo que promueven no es un “Reencuentro” entre catalanes. Es una fusión nuclear entre socialistas y separatistas a costa de la Constitución del 78. 

 

  1. No ofrecerás a los votantes mimitos y abrazos para que te quieran, te acepten o al menos te perdonen que tengas razón. Los mimos siempre simpáticos y agradables, pero no sustituyen a la verdad y la responsabilidad, y por tanto no servirán para sacar a Cataluña de la decadencia. Pero, además, los abrazos solo tienen sentido entre iguales. Y en Cataluña no hay dos mitades iguales. Una mitad lleva 40 años mandando y la otra 40 años en el armario moral. 40 años sin abrazos del Estado. Esa mitad necesita amparo y articulación. Presencia, prestigio, presupuesto y poder.

 

  1. No intentarás ganarte el voto del “catalanista moderado” con promesas de dinero, formidables inversiones o un nuevo sistema de financiación. Son gestos poco útiles y propios del mundo de ayer. Primero, porque el catalanista moderado ya no existe. Yace bajo los escombros del proceso. Y segundo, porque el mundo post-pandemia será el de los sacrificios y las grandes reformas. Sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas. Para todos los catalanes, españoles y europeos. Una hercúlea tarea de recuperación. Y también una oportunidad. 

 

  1. No invocarás “los problemas reales de la gente” como subterfugio para no encarar el desafío separatista. La táctica del avestruz jamás ha funcionado. Y, además, todos los problemas de Cataluña son reales. Y los puramente democráticos, especialmente graves. El ataque a la ciudadanía. Al derecho a una enseñanza en la lengua materna. A unas instituciones y medios públicos neutrales. Al acceso,a los cauces de promoción social en igualdad de condiciones. La decadencia de Cataluña es fruto del populismo identitario. Sin democratización no habrá recuperación. 

 

  1. No intentarás combatir el nacionalismo con un nacionalismo de signo contrario. No prometerás remedios mágicos ni agitarás el péndulo identitario. España no es homogénea  y cuando intentó serlo fue a costa de la libertad y los derechos democráticos. Te lo dice una jacobina. Y medio francesa. Proponer una España esencialista, centralista, uniforme, con un solo Gobierno y un solo Parlamento, es trilerismo electoral. Y una forma de desistimiento. La solución a los problemas de Cataluña no es más nacionalismo. Ni catalán ni español. La Constitución de 1978 no ha fracasado. Ha fracasado la política, degradada en populismo. Y eso es lo que has de ayudar a cambiar.

 

Y por eso:

 

    1. No vacilarás a la hora de ahormar una Gran Política Constitucionalista, la única que todavía no se ha ensayado en Cataluña, ni por la Generalidad ni por el Gobierno central. Esa alternativa se basará en la verdad, la libertad y la responsabilidad. Reconocerás que Cataluña está golpeada, literalmente, por el separatismo. Y que la única manera de reconstruirla será que los catalanes miren la realidad de frente. Los nacionalistas tendrán que hacer examen de conciencia, asumir sus errores y abrazar la democracia. Y la mitad constitucionalista tendrá que hacer lo que aún no hemos hecho: movilizarnos, reagruparnos y trabajar para “hacer individuos”, como decía mi papá: ciudadanos libres, críticos, conscientes, responsables. Dispuestos a ponerse de pie. Te dirán que la verdad no vende. Que la responsabilidad es un mal reclamo electoral. Otra vez los gurús. Pero seguirás adelante. Evitarás los bandazos. Porque eres consciente de que no hay mayor prueba de respeto a los votantes que decir la verdad ni proyecto más sugestivo que el de una Cataluña adulta. Y también por otro motivo, decisivo: Y es que tú no eres un populista. Eres un político

     

    13. Es decir, querido amigo, serás Alejandro Fernández. Y si no tienes la suerte de ser Alejandro, lo que harás –y este es el último mandamiento— es votarle.

  1. Barcelona, 5 de febrero de 2021.