Los hijos, o los nietos (el tiempo avanza inexorable), de los que en los años 80 ya incubaban el huevo de la serpiente en la Autónoma, Bellaterra, con la complicidad pasiva de los diferentes rectores, quisieron impedir ayer que la candidata Cayetana Álvarez de Toledo pudiera hablar en el que debiera ser el templo de la palabra y del contraste civilizado de pareceres. No son las expectativas de voto (más bajas imposible para el malhadado PP en Cataluña, si bien puede robarle algún escaño a Cs) lo que encorajina a los estudiantes sectarios que, por definición, detestan arrostrar ideas contrarias, sino el miedo cerval a que brille cualquier forma de inteligencia en el campus. Muera la inteligencia, gritaban en Featerra, pero ni eso sabían. Tadeu (El Mundo)