Como tantos otros diputados y altos cargos, hasta un número cercano a los 600, ayer fui convocada, por primera vez en más de dos años, a la Junta Directiva Nacional del Partido Popular. Acudí con interés a escuchar a nuestros máximos dirigentes y también con la voluntad de tomar la palabra. Por desgracia sólo pude escuchar. Cuando el presidente acabó de hablar se dio, abruptamente, el acto por concluido, sin que ninguno de los asistentes pudiera tomar la palabra. Yo llevaba unas notas más o menos ordenadas. No era mi intención redactarlas y publicarlas aquí:

«Quiero dar las gracias al presidente del partido y a la secretaria general por haber convocado esta Junta Directiva Nacional, que nos ofrece la oportunidad de escucharles a ellos y también de hablar nosotros, abiertamente, con libertad, con franqueza, con ánimo constructivo. Hablar de cómo vemos nuestro partido y nuestro país.

El presidente ha hecho una reivindicación detallada, justificada y necesaria de la excelente tarea desarrollada por el Gobierno en el ámbito económico. Los datos son magníficos, sí. Y son mérito indiscutible de este equipo. Apoyado lealmente por el conjunto del PP, el Gobierno ha evitado que España tuviera que ser rescatada y ha conseguido que avancemos por el camino de la recuperación.

Sin embargo, la economía no lo es todo. La economía es mucho, pero no lo es todo ni es suficiente. Las encuestas lo indican: los buenos datos económicos no se traducen en apoyos para nuestro partido. Y nuestra responsabilidad es preguntarnos por qué.

La respuesta convencionalmente aceptada es que tenemos un problema de comunicación. Esto, además de ser un tópico, es un tópico falso. Yo creo que el partido no sufre un déficit de comunicación o de marketing. Yo creo que sufre un déficit, grave, de política. No basta con rescatar la economía. También la política ha de ser rescatada. Debemos evitar el tacticismo y la tecnocracia, y volver a hacer política. Política ambiciosa. Política de perfil alto. Política de calidad. No la política low cost del populismo. Política para hacer frente a los grandes desafíos que tiene España, que son también y principalmente políticos.

El mayor de los desafíos españoles es el que plantean los separatistas y los populistas a nuestra democracia. En su día lo dije públicamente y hoy lo hago aquí, ante la Junta Directiva, porque es la primera ocasión que tengo de hacerlo ante un órgano interno del partido. El pasado 9 de noviembre, un Gobierno regional de una democracia europea convocó, organizó, celebró y dio publicidad y cuenta de una consulta política que había sido declarada ilegal por el máximo tribunal del Estado. El Gobierno de la nación no hizo, a mi juicio, todo lo que debía haber hecho para impedirlo. Yo escribí entonces que me sentía políticamente desamparada por el Gobierno y creo que muchos españoles sintieron lo mismo.

Hace unos días, el periódico EL MUNDO publicó que el Gobierno va a adoptar una actitud distinta ante el segundo capítulo, previsto para el 27 de septiembre, de este desafío antidemocrático. Me tranquiliza que sea así. Sería un profundo error empeñarse en el apaciguamiento. Creo que los ciudadanos esperan de nosotros verdad y firmeza en la defensa de su libertad e igualdad ante la Ley.

Esto, dicho con toda humildad, señor presidente, es un ejemplo de lo que yo considero que es hacer política: la defensa de las convicciones y la convicción de que esa defensa es la más eficaz de las políticas.

Un último comentario, si se me permite. Hay quienes entienden que hacer política significa arrinconarse en un discurso anacrónico y extremista. Todo lo contrario. La prueba es el éxito en los sondeos y en las urnas que está teniendo Ciudadanos, un partido al que nosotros mismos calificamos de centrista. Y al que muchos españoles vinculan con un discurso nítido y combativo en defensa de nuestro sistema de convivencia.

Rescatar la política es lo que va a permitirnos aglutinar nuestro espacio habitual del centro derecha, pero también avanzar hacia el encuentro con quienes comparten con nosotros un suelo transversal de valores democráticos, empeños regeneracionistas y objetivos políticos racionales.

El Partido Popular es una impresionante estructura de poder. Pero sobre todo es, ha sido hasta ahora, una impresionante fuerza política. Subrayo, política. La mayoría de los problemas que nos atenazan, incluido el de la corrupción, no existirían si el Partido Popular no hubiese abandonado la política. Creo, incluso, que si no hubiéramos abandonado la política la competencia de los partidos que disputan nuestra hegemonía sería menor. De ahí, queridos compañeros, querido presidente, que recuperar la política no sólo sea ahora nuestro reto principal, sino también nuestra única posibilidad de supervivencia».

(El Mundo)